El sábado, Lore y yo cumplimos 4 años juntos. Para celebrarlo, nos relagamos unos días en el oriente asturiano. Concretamente, en Andrín, muy cerca de Llanes (Asturias).
Andrín es un pequeño pueblo a los pies de la Sierra del Cuera, con una estupenda playa cobijada entre acantilados. Para los que conozcan el sitio, estuvimos en una de las casas de cerca de la Torre. Ya hemos ido a unas cuantas de la Red de Casas de Aldea, pero esta es, quizás, la más cuca.
Hoy, a la hora de marcharnos, la dueña de la casa nos enseñó algunas más que tiene en alquiler. Durante la visita, nos habló del perfil de visitantes que tienen, normalmente de alto nivel adquisitivo.
Cuando íbamos por la 3ª casa, la mujer se soltó y -sin preguntarle nada- empezó a darnos nombres, empresas y cargos de sus inquilinos. De algunos, habló muy bien. Pero de otros… ¡uff!
No se quedó ahí. En un alarde de sinceridad, se descolgó con frases como: «como tienen dinero, que paguen» o «si no nos gustan, les decimos que ya está reservada la casa». Tampoco se cortó en descalificar otras zonas de Asturias.
Lo que a algunas personas le parecería un signo de confianza y cercanía para con nosotros, a mí me pareció una falta de respeto total. Además, si habla así de esas personas, ¿qué dirá de nosotros…?
Como muchas otras veces, nos quedamos con las ganas de decirle lo que de verdad pensamos. Sin embargo, nos quedamos callados escuchando -estupefactos- lo que contaba la señora. Seguramente que lo único que habríamos conseguido es pasar un rato violento.
Hasta esta mañana, pensaba recomendar el sitio a través de esta bitácora. Pero, después de esta muestra de clasismo, orgullo, ignorancia y codicia… mejor vayan a otra casa.
PD: la foto es de xtrasgu y está bajo licencia Creative Commons.