¿A qué clase de persona puede parecer desagradable u ofensivo ver a una madre amamantar a su hijo?
Pues sí, hay gente que lo piensa. Una de esas personas es el responsable de «El Nogal de San Francisco», un restaurante de Avilés, poco más arriba del ayuntamiento, en dirección a Galiana.
El día 28 de agosto, una pareja con su hijo y unos amigos iban a cenar en ese local. A la hora de elegir la mesa, comentaron que sería mejor una que fuese discreta, para poder darle el pecho al crío con tranquilidad. Pero el dueño del local dijo que no, que si quería hacerlo, lo hiciera en el baño. Que le parecía tercermundista y que los clientes se quejarían.
Temía perder clientes por el lamentable espectáculo de una madre alimentando a su hijo. Bueno, quizá perdiese alguno con su misma mente retorcida. Quizá.
Lo que está claro es que ahora ha perdido unos cuantos más. Empezando por los padres del crío. Y sus amigos. Y los amigos de sus amigos (entre los que me incluyo). Y ahora, después de salir en esta bitácora, espero que alguno más.
Y no sólo esta modesta bitácora: el viernes, la asociación pro-lactancia materna Amamantar se manifestó frente al establecimiento. Se hace eco de ello:
Hace unos meses, se levantó la polémica en los EEUU cuando Barbara Walters, presentadora-estrella de la ABC, dijo en su programa The View haberse sentido incómoda porque una madre que viajaba al lado de ella en un avión iba dándole el pecho a su hijo. También en Starbucks hubo problemas, y en Burger King, que -al final- ha tenido que rectificar su política tras las protestas de las que ya llaman «Lactivistas».