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¡Qué grande era el cine!

Jueves, 29 de diciembre de 2005

Estos días estuve (y estoy) muy, muy ocupado, intentando cumplir compromisos antes de fin de año. Pero no quería dejar pasar esto sin comentarlo: el lunes pude ver terminar la última emisión de «¡Qué grande es el cine!», el programa de cine de José Luis Garci.

Créditos de inicio de «¡Qué grande es el cine!»El único espacio en el que no había prisa para hablar, ponían cine en B/N y fumaban, se despidió con «Fresas salvajes», de Ingmar Bergman. Y acertaron de pleno: al mismo tiempo que el doctor Isak Borg examinaba su vida, mientras viajaba a bordo de su Packard 120, nosotros repasábamos los últimos 10 años y 476 películas que habíamos visto en el programa.

La primera vez que vi «¡Qué grande es el cine!» fue cuando pusieron «Tomates verdes fritos». Había programado el video para grabar la película, pero después de verla, seguí con la tertulia. A la semana siguiente, vi el programa completo, incluida la introducción. Y así seguí durante muchos meses.

Con «¡Qué grande es el cine!» me fijé en detalles y aprendí cosas de esas que no se olvidan:

  • La latente relación homosexual entre Johnny Farrell y Ballin Mundson en «Gilda»
  • La calavera sobre el rostro de Norman Bates al final de «Psicosis»
  • Que «La Soga» no es un sólo plano-secuencia, hay algunos sutiles cortes
  • Que lo de menos en «Encadenados» es qué contienen las botellas, y que a eso se le llama MacGuffin.
  • Que los «Los Siete Magnificos» son «Los siete samurais» vestidos de vaquero
  • Que Rosebud no era una marca de cerveza, sino el clítoris de Marion Davies.
  • Que «El Padrino II» rompe el tópico de las segundas partes.

Garci será sustituido por Jesús Quintero, que también es de los buenos. Pero, lamentablemente, el cine clásico se queda huérfano en TV. No sé si el fin del programa se debe a razones políticas o no. Es igual, sigue siendo una pena.

Felices Tiesas

Viernes, 9 de diciembre de 2005

Felices Tiesas

Este cartel me recibe cada noche al llegar a casa. Hasta hace unos días, no me había fijado en la estratégica posición de las bombillas que aún funcionan.

No sé si las luces se fundieron así por casualidad o fue alguien con mucho humor (y mejor puntería). Yo prefiero pensar lo segundo, e imaginar lo que este tipo podría hacer con su cerbatana en cualquier centro comercial por estas fechas.